miércoles, 4 de abril de 2012

lunes, 19 de marzo de 2012

Siempre viva en nuestro recuerdo


Alguna canción, algún atardecer, algún olor trae siempre el recuerdo de mi madre. Esa cara tan amada que nunca terminamos de querer creer que se nos adelantó en el viaje glorioso. Su imagen de cuando éramos niños, en la cocina, o cosiendo, dando clase de escuela dominical con su rodilla apoyada en la banca, recostada de lado en su cama leyendo, sentada en el patio mientras se quemaba la hierba recién cortada… Y mil recuerdos más. En el ruido diario de nuestras vidas, en el ir y venir, en el despertar y dormir, hay un gran silencio, un silencio insuperable formado por la conciencia de que la voz de mi mamacita se ha apagado en esta tierra. Cuándo dejaremos de llorar ante su recuerdo no lo sé. Mi mamacita aún lloraba a su madre en los últimos años de su vida. Tal vez nos pase lo mismo a nosotros. Viviremos los años que nos quedan con un agujero en el alma, como tanta gente. Ojalá podamos con nuestra vida honrar su recuerdo, ser lo más dignos posible de su memoria, seguir hasta donde podamos su ejemplo. Por mientras de que volvemos a recibir sus cariños y sus besos.

jueves, 8 de marzo de 2012

Amada mujer, amada mamacita!

Hija de Dios,


Mujer hermosa, esposa, madre maravillosa,
gran amiga, trabajadora, gran lectora,
consejera.

Mujer, mujer, ¡que seguimos amando!

Te extrañamos mamita hermosa,
y en un dia como hoy, dia de la mujer,
no puedo dejar de pensar en ti,
de recordarte como lo que fuiste,
de recordarte lo que diste
a todos los que te rodeamos.

Mujer temerosa de Dios,
que amó y vió por su familia,
sin importar cualquier sacrificio propio.


En momentos gratos o tristes,
felices o con problemas,
siempre contamos contigo.


Amaste en gran manera, a tu amada familia,
y a quienes no lo eran.

Preferiste dar que recibir, dar que tener, hacer feliz que gozar.


Mamita, fuiste, verdaderamente, una gran mujer!!
y siempre estaré orgullosa de ti!
Te quiero mucho mamita hermosa!







martes, 27 de diciembre de 2011

Pronto te abrazaremos


Madre, madrecita, a donde quiera que estés, en el más alto cielo, te hablo aunque no me escuches, porque sé que estás viva, porque sé que aunque no te vemos y tu cuerpo está en el cementerio, tú estás en la más grande vida. Madre, te extrañamos aquí hasta las lágrimas y a veces hasta la desesperación, porque tu vida en este mundo se acabó. Todos nuestros años los vivimos contigo, de cerca o de lejos, y ahora ya no estás aquí, con nosotros. Nos queda el consuelo, que es lo más glorioso y lo que más deseamos y agradecemos, de que estás contenta y feliz en grado supremo, y qué más podemos querer para ti, mamacita. Sabemos que moriste, y ese golpe nos ha marchitado. Pero no te experimentamos como muerta, sino como ausente. No podemos experimentarte como muerta porque no lo estás, porque tú estás viviendo en otro lugar, al que nosotros también vamos. Sea cual sea nuestra vida aquí, nos espera, por la gracia incomprensible de Dios, el volver a verte, el volver a oírte y el volver a abrazarte. Por eso tu recuerdo tan cercano, tan real, es como un signo de que estás viva. Te recordamos viva y sabemos que estás viva. Tu muerte sólo es un trago amargo que hemos de beber, pero no has desaparecido para siempre. Ni siquiera has desaparecido: sólo cambiaste de mundo y pronto regresarás a este mundo, a la tierra nueva y al cielo nuevo que nos espera por la infinita misericordia de Cristo. Los días y los meses y los años pasan, mamacita. Ya casi te estamos abrazando otra vez.