
¿Cómo es posible que no esté mi mamá? ¿Dónde está mi mamá? ¿Qué le pasó a la casa? ¿Qué nos pasó a todos nosotros? Tal vez no está bien que nuestro estilo sea amar tanto lo familiar, amar tanto nuestra historia aquí en la tierra. No es posible que no esté mi mamá, no puede ser. No se puede aceptar, no se puede entender. Pasan y pasan los días y en vez de regresar se ausenta más. No está y no puede ser. ¿Dónde está mi mamá? ¿Cuándo regresa, cuándo viene? La veo clarito, la oigo clarito, la siento clarito. ¿Cómo que no está? ¿Cómo que se fue? Simplemente no puede ser, no se puede aceptar. La veo en la cocina, la veo en la mesa, la veo en su cama, la veo en el corredor, la veo sentada al lado de mi papá en el templo.
La fe nos abre los ojos, que son ciegos a lo espiritual. Si no tenemos los ojos puestos en las cosas de arriba, sólo vivimos la desgracia de que desbarataron nuestra familia al llevarse a mi madre. Este dolor es una verdad, pero no es la verdad completa. La verdad completa es que mi madre murió a esta vida para nacer a otra, a una muchísimo más feliz, y la verdad completa es que a nosotros nos espera el mismo destino. Dolor: consúmenos el cuerpo mientras puedas. Mi madre nos está esperando al final del camino para llenarnos de besos.

